Tengo un taller de carpintería a medida y restauración de muebles cerca de Lyon. Cuando empecé para recortar gastos, creé una página con un creador de webs gratuitas de esos que tanto recomiendan en internet. Mi intención era solo enseñar fotos de las mesas y armarios que hago y recibir solicitudes con un formulario de contacto.
Las dos primeras semanas no fueron mal pero cuando la cosa llegó al punto de enviar presupuestos, empezaron los problemas. Abajo del todo sale un anuncio gigantesco de la plataforma. En la barra de dirección sale la extensión del proveedor en vez de mi nombre y eso le resta mucha credibilidad ante clientes corporativos. Lo peor es que cuando quise activar funciones básicas como adjuntar archivos en el formulario o vincular un correo corporativo me pedían 18 euros al mes.
Ahora estoy en una encrucijada. ¿En qué punto dejan de ser útiles de verdad las herramientas gratuitas? ¿Cuánto me costaría al año pasarme a una infraestructura independiente con mi propio dominio?