Tengo una pequeña panadería y pastelería desde hace cuatro años en las afueras de París. Hasta ahora usábamos la típica tarjeta de sellos de papel; tras diez cafés o diez baguettes regalaábamos uno. Pero la mayoría de los clientes se olvidan la tarjeta en casa la pierden o no quieren llevarla en la cartera. Imprimir unos 450 cartones al mes acaba siendo un gasto constante, aunque pequeño, y un desperdicio de papel.
He visto en internet aplicaciones de tarjetas de fidelización digitales totalmente gratuitas o con presupuestos muy bajos. El cliente añade la tarjeta a la app de cartera de su teléfono y escaneamos un código de barras o QR en caja. Suena muy moderno y práctico pero ¿realmente funciona a escala de comercio de barrio?
En particular, al pedir el número de teléfono o el correo, ¿nos meterán en problemas las normas legales de protección de datos en Francia? ¿Se colapsará la caja si el cliente no quiere perder tiempo rellenando un formulario mientras espera cola? Necesito experiencias de quienes hayan cambiado a un sistema similar.